Utrera
Hermandad Sacramental de Santa María

HERMANDADES: GERENA | SEVILLA | UTRERA

HERMANDAD DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO Y ÁNIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO DE LA PARROQUIA MAYOR, PRINCIPAL Y MÁS ANTIGUA DE SANTA MARIA DE LA MESA. (Sacramental de Santa María)

 

Reseña Histórica

(Eduardo González de la Peña y de la Peña)

En este año 2016 la hermandad sacramental de Santa María de la Mesa celebrará el 475o aniversario de su fundación. Actualmente, esta corporación es la decana de cuantas hermandades de Utrera participan en cultos públicos (ya que la única más antigua, la hospitalaria de la Santa Resurrección fundada en 1522, tiene absolutamente prohibido por sus reglas participar en cualquier tipo de acto religioso u otra obra piadosa que no sea en su propia sede) y cuenta, por ello, con una rica historia. No podía ser menos en la que ha sido una de las grandes protagonistas de la vida espiritual de la ciudad durante estos casi cinco siglos.

Su fundación se debió al deseo del clero de la parroquia de Santa María de la Mesa de erigir en ella una corporación que diese culto al Santísimo Sacramento, a semejanza de la que doña Teresa Enríquez –hija de los duques de Maqueda y conocida por La Loca del Sacramento- había instituido en Torrijos, en la diócesis de Toledo, en 1508. Aunque parece ser que empezó a tener algún tipo de actividad antes, lo cierto es que la fundación real –entendiendo por ello su aprobación por la autoridad eclesiástica- tuvo lugar el 28 de Agosto de 1541, fecha en la que se recibió en Utrera la bula del papa Paulo III autorizándola, solemnizándose dicha concesión con una procesión que partiendo del antiguo hospital de Santa Ana –ubicado en el solar que actualmente ocupa el teatro Enrique de la Cuadra- se dirigió a Santa María de la Mesa, siendo presidida por el vicario don Francisco Ortiz; por los sacerdotes de Santa María don Gonzalo Martínez de Salas, don Luis Hernández Trujillo y el licenciado don Antonio Báez, así como el beneficiado don Hernando Martínez y don Pedro Martín Pescador, curas de Santiago y por fray Juan de Rivera, dominico.

Casi desde su creación esta corporación –que en un principio limitó el número de sus miembros a sesenta y cuatro- se vio favorecida por las dádivas y limosnas de muchos bienhechores, como es el caso de don Juan Bautista de la Barrera y don Pedro Matheos Parra, fundador de un patronato en la parroquia el primero y vicario y comisario del Santo Oficio de la Inquisición el segundo, que dejaron rentas para la dotación de los capellanes que llevaban las varas del palio en las procesiones o el licenciado don Melchor de Miranda que, del mismo modo, proveyó el estipendio que se había de dar a los ministriles con que va Dios en público. Igualmente, y gracias a la generosidad de otros hermanos pudo construir a partir de 1656 su sala de cabildos en el terreno donde estuvo un primitivo cementerio parroquial adquirido a la fábrica, en la que colocó en 1745 un retablo y una imagen de la Inmaculada Concepción, obra de Francisco Sánchez de Arteaga con policromía y dorado a cargo de Agustín de Bolaños, así como excavar una cripta debajo de ésta para el enterramiento de sus cofrades. En 1589 ingresó como hermano –entonces se decía esclavo ya que a las sacramentales se las conocía como esclavitudes- el escritor, arqueólogo e historiador Rodrigo Caro, que ocupó el cargo de rector en 1615.

A tanto llegó la devoción en el culto al Santísimo Sacramento por parte de los feligreses que incluso en 1600 llegó a fundarse en el hospital de la Mesa –frontero a Santa María- otra hermandad sacramental denominada “de Fuera”, hasta que en 1714 se fusionaron ambas como una sola, con sede en la parroquia.

 

En 1675, en medio de la encarnizada lucha que supusieron los pleitos parroquiales -que fueron doce, comenzaron en 1612 y se prolongaron hasta 1804, siendo finalmente ganados todos por Santa María de la Mesa- consiguió diversos privilegios como Parroquia Mayor y Matriz de Utrera, entre ellos, una sentencia de la Nunciatura Apostólica que la confirmaba como la única que podía seguir celebrando la festividad y octava del Corpus Christi como hasta entonces, lo que hizo que la hermandad se volcase materialmente para que dichas conmemoraciones revistieran la máxima solemnidad. Buena prueba de ello la tenemos un testimonio de ese mismo año: “En el Corpus y su Octava se hacen unas fiestas con fuegos y luminarias con vísperas y tercia y misa, sermón y procesión a la tarde de dicho día con música y danzas y mucho adorno de sedas y tapices en las calles del ruedo de dicha iglesia, con tan regio aparato y magnificencia que de los pueblos vecinos conmueven a muchos hombres y mujeres para concurrir a dicha función”. Por todo ello, al resultar la parroquia de Santiago vencida en todos los litigios que promovió, hubo de seguir organizando su procesión eucarística, conocida popularmente con el paso del tiempo como Corpus Chico, el domingo de Infraoctava, es decir, el domingo siguiente al Corpus, que entonces y hasta los años ochenta del siglo XX se celebraba en jueves, en medio de las dos celebraciones de Santa María.

En tanta pompa y boato tuvieron una destacada participación dos ilustres hermanos: don Antonio de los Ríos y Bohórquez, vicario y comisario del Santo Oficio que ejerció en la hermandad los cargos de rector, secretario y mayordomo, dotando con siete mil ducados la celebración de la octava de la Purísima Concepción y don Alonso Ximénez Coronilla, que, igualmente, dejó abundantes bienes para que con su producto se abonasen los gastos de la octava, ya que los de la festividad del Corpus propiamente dicha eran aportados íntegramente por el cabildo y gobierno de la villa. De la misma forma le fueron concedidos a la corporación diversos privilegios y gracias espirituales, de entre los que destaca la agregación, por bula de Clemente XII en 1736, a la primitiva sacramental establecida en la iglesia de Santa María Supra Minerva de Roma –lo que la autoriza a utilizar cera roja en sus cultos, que es un privilegio exclusivo de ésta y sus hermandades filiales, aunque después su uso, indebidamente, se extendió a todas las sacramentales- así como el incidente que supuso su enfrentamiento con la hermandad de la Vera Cruz, a causa del pleito que movió con la pretensión de presidir las procesiones generales alegando mayor antigüedad y que ganó la sacramental al demostrar que las primeras reglas de la Vera Cruz fueron aprobadas en 1546, el mismo año en que se fundó la sacramental de Santiago y cinco después de su bula fundacional.

Las primeras reglas de la antigua esclavitud del Santísimo Sacramento de las que se tiene noticia fueron redactadas por el licenciado don Francisco Salado Garcés en 1651, en las que se especifica la obligación de la corporación de dar culto a Jesús Sacramentado con toda la solemnidad posible, especialmente, y como ya se ha dicho, en las fiestas del Corpus Christi y su octava, en los tres días de Carnestolendas, Jueves Santo y domingos terceros de cada mes, así como a organizar la procesión pascual a la cárcel y a llevar la comunión a los impedidos de la feligresía. Igualmente, la sacramental siempre se distinguió por su celo en el culto a la Inmaculada Concepción en su festividad y octava. Por ello resulta lógica la destacada participación que tuvo la esclavitud en los solemnes festejos de acción de gracias celebrados en Santa María, como Parroquia Mayor, en 1761, con motivo de la proclamación de la Inmaculada por el rey Carlos III como Patrona de España.

 

Las buenas relaciones existentes con otra hermandad de la parroquia, la del Dulce Nombre de María –compuesta casi exclusivamente por clérigos, la mayoría de ellos hermanos también de la Sacramental- le llevaron a firmar un convenio para una mutua cooperación y participación en los actos de ambas corporaciones, firmándose un acuerdo el 2 de Enero de 1750, con el fin de regularizar y señalar dichas asistencias.

El 1 de Noviembre de 1755 tuvo lugar el seísmo conocido como Terremoto de Lisboa, que en Utrera no causó ninguna víctima humana aunque sí graves daños materiales, entre ellos la caída de un arbotante del techo de la parroquia que, atravesando la bóveda, cayó en el templo precisamente cuando estaba abarrotado de fieles que asistían a misa y resultaron todos ilesos, por lo que, desde entonces, la hermandad comenzó a organizar anualmente la celebración de un solemne tedeum de acción de gracias, tradición que se conserva actualmente, pues se sigue rezando tras la misa y procesión claustral de la festividad de Todos los Santos.

Con las limosnas de los hermanos y bienhechores, así como el celo de otros en la administración de sus bienes –en lo que destacó el historiador y escritor Juan Boza y Rivera que fue mayordomo y secretario durante bastantes años- la hermandad redondeó un extenso patrimonio que, en 1756, comprendía los siguientes bienes:
-Tres hazas en El Calvario de la Vega, llamadas La Norieta, con 21 fanegas de tierra calma,
-Una suerte con 8 aranzadas de olivar y 1 de tierra calma en Cascalaventa,
-Suerte de La Juncosa Baja, con 20 aranzadas de olivar y 1 y 1⁄2 de tierra calma,
-Otra suerte llamada también La Juncosa Baja, con 4 aranzadas de olivar y 1 de tierra calma.
-Suerte de La Juncosa Alta, de 24 y 1⁄2 aranzadas de olivar,
-Suerte de Los Monjes o Bocadulce, de 45 aranzadas de olivar,
-Dos suertes en La Granja, con 8 y 1⁄2 fanegas de tierra calma,
-Baldío de Tabladilla, de 28 fanegas de tierra calma,
-Suerte de El Baldío, de 64 fanegas de tierra calma,
-Suerte de Puyón, de 1 aranzada de olivar,
-Suerte de Posteruelos, de 4 aranzadas de pinar,
-Suerte de La Granja, de 8 aranzadas de pinar,
-La huerta del Catalán, de 1 fanega de tierra de regadío,
-Diez casas en las calles Bohórquez, Lecheros, Molino, Escalera, Salteras, Nueva, Juan Domínguez, Hermosa y Plaza del Altozano,
-Un molino aceitero en la calle Jinetes y
-Una gran casa-posada en la Trasplaza (en su solar se alza hoy el banco Bilbao-Vizcaya) que al ser propiedad de la hermandad era conocida como “la del Santísimo”.
También poseía un buen número de tributos y censos impuestos sobre otras fincas –que le rentaban una cantidad anual- lo que le permitió un amplio mecenazgo artístico, que comprendió la realización de numerosos objetos destinados al culto y un trono de plata que fue fundido posteriormente y del que se solo se conservaron algunas piezas. Igualmente, en esa época recibió un buen número de objetos que han llegado hasta nuestros días, así a principios del siglo XVIII el marqués de la Cueva del Rey, don Juan Fernández de Hinestrosa y Ribera, regaló a la hermandad dos faroles de plata de mano “Para que alumbrasen al Santísimo cada vez que sale a la calle”; en 1742 fue donada por don Manuel de Bonilla y Dávila, abogado de los Reales Consejos, la imagen del Niño Jesús, conocido popularmente como “de la Bola”; en 1750 recibió la hermandad seis mayas de plata que fueron convertidas en candeleros, enviadas por el cofrade Manuel de Saldaña y Pineda, marqués de San Antonio e interventor de las minas de Huencavélica, en Perú y en 1775 una reliquia de San Francisco de Borja que había pertenecido al colegio jesuita utrerano, colocada en su correspondiente relicario de plata y donada por don Miguel Eduardo de la Torre y Belber, abogado de los Reales Consejos, Teniente de Asistente de la villa y Comisionado de las Temporalidades.

También a partir de entonces se mandaron hacer por la corporación un cáliz de plata sobredorada por el orfebre Juan Ruiz; la muceta sacramental, obra del bordador José Ortega Ossorio y Velasco en 1798; el palio grande, de Fulgencio Abril y Barea y el estolón y el guión sacramental, realizados por Feliciana Bermudo Pardo y José Antonio Gómez en 1799; el estandarte blanco de gala, también obra de Fulgencio Abril en 1800 y unas vinajeras y campanilla con bandeja, de plata sobredorada y realizadas por Antonio Méndez en 1802.

 

Prácticamente y desde el siglo XVI la procesión del Corpus Christi era la más importante del año para la población y la que contaba con una participación más numerosa, si exceptuamos, desde luego, la de la Virgen de Consolación en su romería del 8 de Septiembre. De hecho, uno de los datos más antiguos que se conocen hasta ahora de la presencia de los gitanos en Utrera es la noticia de los gastos abonados en 1574 por el cabildo de la villa para la festividad, en los que consta se le dieron “Al gitano Roque Jiménez tres mil maravedíes por una danza gitana que sacó”. En dicha procesión, además de la magnífica custodia de plata barroca labrada por los plateros Juan Laureano de Pina y Felipe Ponce entre otros, que fue costeada por el cabildo y el clero local y estrenada a finales del siglo XVII, componían el solemne cortejo imágenes de santos y carrozas alegóricas –aportados por las hermandades y gremios- como una en la que figuraba San Miguel matando a un dragón y, precediéndoles, varias figuras denominadas “La Tarasca”, “La Tarasquilla”, “los Gigantones” y “las Mojarrillas”, que representaban diversos vicios y pecados que huían ante la presencia de Jesús Sacramentado. Formaban parte asimismo de la celebración danzantes y músicos, así como todas las comunidades religiosas de la población –que algunos años llegaron a alcanzar el número de setecientas personas- y, por último, el cabildo de la villa y el resto de autoridades civiles y militares, entre éstas últimas, el escuadrón de caballería que tenía su cuartel en la calle Santa Clara y daba escolta al Santísimo Sacramento. Sin embargo a partir de 1780 la procesión del Corpus Christi cambió completamente su puesta en escena en la calle. En ese año, el rey Carlos III prohibió “El uso de danzas, gigantes y demás figurones pues su concurrencia causaban no pocas indecencias y sólo servían para aumentar el desorden y distraer la devoción a Su Divina Majestad”.

Ya finales del siglo XVIII se produjo la fusión de la sacramental con otra corporación también ubicada en la parroquia y que, igualmente, contaba con casi dos siglos de antigüedad: la hermandad de Ánimas Benditas del Purgatorio, que había sido fundada en 1596 y cuyo fin primordial era ofrecer sufragios por los fieles difuntos y de manera muy especial por las Ánimas del Purgatorio. Esta corporación había labrado, a partir de 1680, su propia capilla y sacristía –con una cripta para panteón de los hermanos- dentro de la parroquia, contaba también un buen patrimonio en objetos de culto y bienes raíces –entre ellos un olivar y molino aceitero “junto a la Puente del Carmen”, con 105 aranzadas- y gestionaba, igualmente, numerosas memorias de misas establecidas por sus cofrades. Fusionadas ambas como una sola, aunque durante los años posteriores llevaron contabilidades distintas, se redactaron nuevas reglas, en las que quedaron recogidos los fines de la misma, concretados en dar culto al Santísimo Sacramento y a la Inmaculada Concepción y ofrecer sufragios por las Ánimas del Pugatorio, aprobándose dichas constituciones el 25 de Marzo de 1791 por el arzobispado de Sevilla y por el rey Carlos IV e inaugurando una etapa muy floreciente para ambas corporaciones, en la que se realizaron, con destino a la hermandad de Ánimas, dos atriles de plata por el orfebre Antonio Méndez en 1798 y el paño mortuorio y el estandarte de Ánimas, obras de la bordadora Antonia Bazo en 1802. En 1806, después de ganar Santa María de la Mesa el último de los pleitos y con él el título oficial de Parroquia Más Antigua de Utrera, la hermandad organizó un solemne tedeum y misa de acción de gracias con sermón, que pronunció el agustino fray José Govea, doctor en Teología de la Universidad de Sevilla, examinador sinodal de la Archidiócesis y académico de la de Buenas Letras.

Por tradición se sabe que antes de ser invadida Utrera por el ejército francés en 1810, el clero de Santa María de la Mesa y la junta de clavería de la sacramental tuvieron la precaución de ocultar tanto la custodia procesional, como todos los objetos de valor dedicados al culto, que fueron tabicados en las diferentes criptas de la parroquia y la hermandad. Al terminar la guerra, Utrera estaba devastada por tantas calamidades y por la rapiña del ejército francés que la había ocupado durante tres años y había saqueado Consolación y otros templos utreranos. Esto explica que la hermandad paralizara la realización de algunos de sus proyectos artísticos. Aún así, en 1813 estrenó el llamado Trono Chico, obra del tallista Juan de Salamanca en madera dorada para exponer al Santísimo durante el triduo de Carnaval, del que hoy sólo se conservan algunas piezas y, en 1819, un crucifijo grande de plata, obra de José Martínez, para presidir el túmulo funerario. Ya en 1826, apenas se repuso del desastre, la hermandad remodeló la capilla de Ánimas, estrenando el bajorrelieve que la preside actualmente, salido de la mano del escultor y pintor sevillano Joaquín Romero y asimismo llevó a cabo la más grandiosa de sus obras suntuarias dedicadas al culto: la realización del Trono Grande, un colosal altar de vatios metros de altura para ser montado en el testero del altar mayor y compuesto de una gran estructura a modo de templete y peana, corona, soles, palmas y sagrario todo en plata; dosel de terciopelo y grandes candelabros de plata y madera dorada, para hacer la exposición eucarística en las funciones más solemnes de las octavas del Corpus y la Inmaculada. Para ello se encargó su diseño, siguiendo las corrientes neoclásicas imperantes entonces, al mismo Joaquín Romero y se creó un equipo para llevarlo a cabo dirigido por el platero Gregorio de Guzmán, auxiliado por los orfebres Luis y José de Guzmán, Joaquín González, Juan de Pita, Felipe Azcona, el cincelador Manuel González y el aprendiz Antonio Barrón. La parte de carpintería, herrería y talla dorada corrieron, respectivamente, a cargo del maestro de Utrera Miguel Carreto, Juan Torreglosa, el tallista José Ortega -vecino de Sevilla- y el dorador Villanueva. A su finalización, quedó la hermandad tan satisfecha con el resultado que confió al mismo equipo la realización del ostensorio y viril que salen en la procesión del Corpus, para cuyo exorno se utilizaron los brillantes que había donado un miembro de la hermandad.

Posteriormente, a partir de 1835 y hasta la segunda mitad del siglo XIX, se sucedieron las diversas desamortizaciones en las que el estado se quedó con todos los bienes de la sacramental, que fueron subastados y pasaron a manos privadas. La corporación, perdidos todos sus ingresos, pudo superar estos tiempos adversos debiendo básicamente su supervivencia a tres ilustres miembros: los utreranos don Manuel Sánchez Silva, Senador del Reino y Consejero de Estado y don Ángel González de la Peña y Sedze, Interventor General de la Administración del Estado y Gobernador del Banco de España que consiguieron, gracias a su influencia en el gobierno del país, el pago de los intereses de las láminas que el tesoro nacional había cedido a la hermandad tras arrebatarle su patrimonio y que no hubo forma de cobrar hasta 1883, nombrándose a don Ángel González de la Peña Hermano Honorario en una junta general celebrada en 1896. El tercer benefactor de esta época fue don Domingo Alonso Carballo que a su fallecimiento legó a la hermandad nueve casas en Utrera, lo que propició un cierto desahogo económico.

Esta bonanza en las cuentas permitió una restructuración y puesta a punto en la procesión del Corpus en el último tercio del siglo XIX, materializada en el estreno del paso y templete del Niño Jesús, obra del tallista sevillano Juan Rossy en 1884 y los faldones de la custodia, realizados por el bordador Ramón Visedo en 1889, así como la restauración que llevó a cabo Francisco Escamilla en 1896 del paso del Dulce Nombre de María, obra de Cristóbal Ramos en 1781, pues desde que se extinguiera su propia hermandad y dejara de salir el día de San Miguel, la sacramental incorporó dicha imagen al cortejo, quedando configurada definitivamente entonces la procesión del Corpus con tres pasos: Dulce Nombre, Niño Jesús y Custodia, a los que se sumaba, ocasionalmente, algún paso más aportado por hermandades como las de la Vera Cruz, Santo Entierro y Jesús Nazareno, que eran las únicas existentes entonces y llegaron a sacar alguna vez las imágenes de San Pedro, de la parroquia de Santa María, la de San José de la capilla del Carmen o Santa Catalina, de San Bartolomé.
Entre los hermanos destacados del siglo XIX merecen también destacarse, entre otros, don Pedro Luis de Ulloa y Halcón de Cala, III conde de Vistahermosa; don Juan José de Ulloa y Ponce de León, I marqués de Casa Ulloa y su sobrino político, don Diego María Santiago Calvo de la Banda y Aragón, marqués consorte del mismo título, así como don Enrique de la Cuadra y Gibaja, I marqués de San Marcial y de Gibaja y su esposa, doña Marciala Sáinz de la Maza y Gómez de la Puente.

En 1886 la sacramental permutó con la fábrica de la parroquia la propiedad de la sacristía y cripta que eran de la hermandad de Ánimas –el actual despacho parroquial y el panteón que hay debajo- por las que lo fueron de la extinguida hermandad de clérigos de San Pedro, incluido el panteón de sacerdotes, que fueron anexionadas a la sala de cabildos y su cripta. Igualmente, en 1887 costeó la decoración de la capilla del Sagrario –obra del pintor de origen italiano Antonio Cavallini- y en 1894 acometió la reforma de la capilla de Ánimas y el estreno del retablo y de la cancela que la cierra, la decoración
neogótica de la nave central de la parroquia y pilares –que también corrió a cargo del ya citado Cavallini- y la realización de las vidrieras de la misma, salidas de la mano del polifacético artista utrerano Francisco Escamilla. Igualmente fueron costeados por la hermandad los dos púlpitos y estrenó en 1908 el palio de diario, encargado al bordador Juan Bautista Gimeno.

Siendo en 1905 arzobispo de Sevilla el cardenal don Marcelo Espínola Maestre en el transcurso de una visita pastoral la hermandad lo nombró Hermano Honorario, así como a las comunidades de Salesianos y Hermanas de la Cruz de Utrera y también, algunos años después, recibió una generosa donación del hermano don Manuel de Diego Martínez, que cedió un gran trozo de terreno en el Cementerio Municipal para enterramiento de sus cofrades. Tras los duros años de la II República –los únicos en que el Corpus no recorrió las calles de Utrera- y tras las calamidades derivadas de la Guerra Civil, la hermandad celebró en Octubre de 1941 su IV Centenario Fundacional, organizando una solemne misa de pontifical y una procesión eucarística con la custodia de plata por las calles de la feligresía. A partir del Concilio Vaticano II, con la reforma litúrgica, se suprimieron ciertos cultos, como el montaje del monumento eucarístico de la parroquia el Jueves Santo y el trono de plata de la hermandad para el Corpus y la Inmaculada; la procesión de la octava del Corpus, que se trasladó al Domingo de Resurrección y la procesión pascual a la cárcel. Sin embargo, también se llevaron a cabo algunos estrenos, como los blandones de metal plateado en 1969 y el paso procesional de la custodia, obra de Fernando Marmolejo en 1975.

Ya en el último tercio del siglo XX la hermandad entró en una etapa de profunda decadencia por varias causas, la principal, la escasez de hermanos y la edad avanzada de la mayoría. También se unió a ello el cambio en la religiosidad popular surgido desde entonces, que ha llevado a los fieles a prestarle más apoyo y calor a las hermandades de penitencia. Esta situación se fue agudizando, malvendiendo los restos de su patrimonio y descuidando su patrimonio espiritual, material y humano. A partir de las elecciones celebradas en 2010 se ha producido un renacer traducido en una normalización de la vida de hermandad, reanudación de todos los cultos y aumento de la nómina de miembros; restauración y adecentamiento de todas sus dependencias y de parte de su patrimonio artístico y, de forma muy especial, el empeño en recuperar la solemnidad que la distinguió en todos sus cultos a Jesús Sacramentado, de manera muy especial en la festividad del Corpus Christi que, desde hace casi cinco siglos, es celebrada por la Parroquia Mayor, Principal y Más Antigua Santa María de la ciudad de Utrera y su antigua hermandad del Santísimo Sacramento y Ánimas Benditas del Purgatorio.
Está claro que la forma de estas celebraciones y su solemnidad es el resultado de una larga historia, en la que los pleitos parroquiales fueron, durante dos siglos, una parte importantísima de la vida de la población y dicha rivalidad -aunque hoy se reduzca a algo meramente simbólico y anecdótico- fue el detonante que impulsó a los utreranos a favorecer a una u otra parroquia, hasta legarnos las maravillas que hoy son Santa María de la Mesa y Santiago el Mayor. “Somos lo que somos por lo que hemos sido” y entendemos que nuestro pasado histórico es algo que debemos poner en valor. Las procesiones del Corpus Cristhi y El Corpus Chico, tal y como hoy son, reflejan dos momentos especialmente significativos de nuestro pasado: el esplendor del barroco en la ciudad en el Corpus y el renacer de Utrera bajo la égida de la familia de la Cuadra, en el siglo XIX, en el Corpus Chico. Y ojalá sigan siendo tal cual son, al menos, otros cinco siglos, ya que para vivir el presente y entender el futuro hemos de conocer, respetar y valorar nuestra propia historia, que en este caso es la misma de Utrera.

Datos de la Hermandad

Nombre popular: Sacramental de Santa María
Tipo de Hermadad: Sacramental
Sede canónica: Parroquia de Santa María de la Mesa
Sede Social: Calle Padre Miguel Román, 2 41710 Utrera (sevilla)
Vicaría
: Este
Arciprestazgo: Utrera
Presidente: Sebastián Florido García

Entrevista al Hermano Mayor

Dejando aparte la singuralidad y devoción a los titulares ¿que nos puedes contar de tu hermandad que la hace peculiar y única?:
La singularidad que tiene esta antigua Corporación de culto Sacramental, radica precisamente en que a pesar de los casi cinco siglos de existencia, aún mantenga la pureza como Hermandad Eucarística, sin necesidad, como ha ocurrido a muchas de estas hermandades Sacramentales, de tener que fusionarse con otras Cofradías de carácter Penitencial.


De las tres columnas que deben sustentar una hermandad, que son Culto, Formación y Caridad cuéntanos un poco que estáis haciendo y vuestros  objetivos:
Según recogen nuestras reglas, es obligación de los hermanos de esta Corporación, la asistencia a los cultos anuales programados desde nuestra parroquia, con arreglo al calendario litúrgico, siendo propios de la Hermandad, la celebración de los Terceros Domingos Eucarísticos, con Procesión Claustral con S.D.M. a lo largo de todo el año.
La Hermandad se sostiene económicamente con la aportación de sus Hermanos a través de las cuotas anuales. Con esto, tenemos que hacer frente a los gastos propios, aportación al sostenimiento de nuestra Parroquia y junto a la aportación en especias ( campañas de alimentos ), facilitar nuestra ayuda a Cáritas Parroquial.

Esta Hermandad forma parte del Consejo de Hermandades local, del cual se recibe Formación a través de los cursos programados, que se unen a los propios de la Parroquia.


¿En qué medida habéis notado la crisis económica que estamos padeciendo y cuales han sido las acciones que habéis emprendido?:
Al ser una Hermandad con pocos recursos económicos, se han eliminados gastos, algunos innecesarios, y otros que, siendo necesarios, hemos reducidos. Además, con el trabajo y la aportación desinteresada de muchos hermanos y colaboradores, se han conseguido importantes logros , muchos de ellos tienen que ver con el patrimonio y su conservación ( restauración de piezas, almacenaje, iluminación eléctrica, albañilería, etc).


Pregunta Libre
Desde la Junta de Gobierno, hacer un llamamiento tanto a los Hermanos de esta Cofradía Sacramental, así como a todos los Cofrades en general, a la participación en el culto al Santísimo Sacramento del Altar, con visitas periódicas al Sagrario y asistencia a los cultos programados, con especial interés en la participación en los Jueves Eucarísticos y los Terceros Domingos.

Descripción del Escudo de la Hermandad

Viril con la Sagrada Forma

Escoltado por dos Almas del Purgatorio

Representadas entre brasas

Uno a la diestra y otro a la siniestra

Galería Fotográfica

 

 

 

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